
Comunidor de Unarre
Antiguamente, las tormentas, las lluvias intensas, los rayos y truenos, y un largo etcétera tuvieron amedrentados a nuestros antepasados, sobre todo a aquellos cuyas vidas dependían directamente de la temperie. Perder los cultivos, el ganado, la casa, los bienes, y, en general, el trabajo de un tiempo considerable en unos minutos por la llegada de una inoportuna tormenta era algo muy doloroso
¿Cómo se defendían de las inclemencias del tiempo? ¿Cómo ahuyentaban a las tormentas, los rayos, granizadas y lluvias devastadoras?. No había radares, ni imágenes de satélite, no lanzaban cohetes con ioduro de plata. La oración, los conjuros y otras actividades mágicas eran las únicas herramientas de las que disponían para luchar contra la intemperie. Unas veces aliados con la magia y otras con la religión, los conjuros, oraciones y ritos, mitad pagano, mitad religioso, se mezclaban entre si para alejar o mitigar el efecto de los males del tiempo.
En algunos pueblos y poblaciones se construyeron pequeñas edificaciones para “luchar” contra las tormentas realizando estas prácticas, cuyo origen estaba perdido en la lejanía de los tiempos.
Comunidor de SonLos comunidors o esconjuraderos son unas sencillas construcciones de piedra, abiertas a los cuatro vientos, situadas junto a la iglesia, que servían para conjurar, desconjurar o esconxugar, los males que atenazaran al pueblo, en su mayoría en forma de tormentas. Estas construcciones son habitualmente cuadradas, aunque las hay también circulares, y en ocasiones tienen una cruz encima de la techumbre o dentro del edificio.
Los sacerdotes recitaban plegarias y conjuros contra las tormentas, para alejarlas de los campos del pueblo. Los esconjuraderos surgieron con esta finalidad, aunque esta práctica podía hacerse desde los pórticos de las iglesias o desde cámaras situadas en lo más alto de los campanarios. En todo el Pirineo parecen encontrarse únicamente en Huesca (6 de los 9 que hay en la provincia están en el Sobrarbe), Lleida y Girona.

En el Pallars Sobirà hemos recorrido casi todos los pueblos en busca de comunidores y los únicos que hemos encontrado que están en pie hoy en dia son el Comunidor de Son y el Comunidor de Unarre, ambos situados en las Valls d'Àneu en el Alt Pallars. Sabemos de la existencia de uno en Isil pero una riada se lo llevó y desapareció, estamos seguros que ha habido otros comunidores por la zona.
Según el diccionario de la Enciclopedia Catalana el vocablo comunidor deriva del verbo comunir que a su vez proviene del latín commonere y significa conjurar el mal tiempo con oraciones o exorcismos. El comunidor es una pequeña edificación en forma de porche abierto a los cuatro vientos, cubierta y situada cerca de una iglesia, donde se resguardaba el sacerdote que esconjuraba las tormentas y granizadas. Por tanto esconjuradero y comunidor hacen referencia a lo mismo. Una variante del comunidor es el reliquier en el cual se exponían reliquias para conjurar las tormentas.
El conjuro iba dirigido contra la granizada más que contra el propio rayo, ya que en la época medieval y algunos siglos posteriores, si una persona moría carbonizada “solo” era motivo de tristeza resignada, pero una granizada implicaba el ayuno para toda una comunidad

El Comunidor de Son es una torre de planta circular y forma parte del Conjunto Monumental de Son. Este comunidor ,de varias plantas tiene en su parte superior una original estructura de madera con un pequeño techo que sostiene dos campanas que servían para reunir a la comunidad antes de proceder a los actos protocolarios que conjuraban las fuerzas de la naturaleza. El capellán era el que se situaba en el comunidor a invocar: si había sequía se pedía lluvia si había lluvias torrenciales que parasen, si había tormentas que cesasen e incluso, si había epidemias, que se acabaran.

El Comunidor de Unarre es de planta cuadrada abierta a los cuatro puntos cardinales, junto a la iglesia de Sant Julià.
Fotos: Conxi Ciurana/Ramon Baylina
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